EN PALESTINA , LA INFANCIA NO SE MIDE EN AÑOS, SINO EN GUERRAS

Esta crónica nace de mi intervención en el programa La Otra Cara de radio expresión 106.6, la radio de los periodistas en Bolivia, donde hablamos de una realidad que sigue atravesando generaciones: la infancia en Palestina.👇

Hablar de la infancia en Palestina es hablar de generaciones enteras que han crecido dentro de un conflicto que ya supera los setenta años. La historia moderna comienza en 1947, cuando la United Nations Partition Plan for Palestine propuso dividir el territorio en dos estados. Un año después estalló la guerra de 1948, conocida por los palestinos como la Nakba, la catástrofe que provocó el desplazamiento de más de 700.000 personas. Desde entonces, la infancia palestina ha crecido entre guerras, ocupación y desplazamientos.

Hoy, en los territorios palestinos viven más de 2,4 millones de menores de 18 años, aproximadamente el 43 % de la población total. En la Gaza Strip, los niños y adolescentes representan casi la mitad de los habitantes. Eso significa que Gaza tiene, literalmente, rostro de infancia. Pero también significa que cuando estalla la guerra, los niños están en el centro de la tragedia.

Desde el ataque de Hamas contra Israel el 7 de octubre de 2023 y la posterior ofensiva israelí en Gaza, las cifras son devastadoras. Según datos de UNICEFhasta febrero de 2026 más de 71.800 palestinos habían muerto en Gaza, entre ellos al menos 21.289 niños. Además, más de 44.500 menores han resultado heridos.

Las organizaciones humanitarias hablan ya de una generación marcada por la violencia.  En menos de dos años de guerra, más de 50.000 niños han muerto o han resultado heridos.

Pero la guerra no termina cuando callan las bombas. La vida cotidiana tampoco ofrece refugio.

Casi un millón de niños han sido desplazados repetidamente, muchas veces sin acceso estable a agua potable, alimentos, escuela o atención médica. El hambre también forma parte de esta historia: más de 320.000 niños menores de cinco años están en riesgo de desnutrición aguda.

Miles de menores han perdido a sus familias. Se estima que al menos 17.000 niños han quedado solos o separados de sus padres durante el conflicto.

Niños sin hogar.
Niños sin escuela.
Niños sin adultos que los busquen por la noche.

Y ni siquiera las treguas garantizan seguridad.

En enero de 2026, UNICEF denunciaba que más de 100 niños habían muerto incluso después del alto el fuego de octubre de 2025.

Las cifras son frías. Pero detrás de cada número hay una historia: una mochila escolar bajo los escombros, un cuaderno que ya no se abrirá, una familia incompleta.

Por eso, cuando se habla del futuro de Palestina, inevitablemente se está hablando de su infancia.

Una infancia que representa casi la mitad de la población… y que crece aprendiendo demasiado pronto el significado de la palabra guerra.

Pero esta tragedia no pertenece solo a Palestina.

Según UNICEF y Save the Children Internationalcada diez minutos muere un niño en el mundo como consecuencia directa o indirecta de la guerra.
Eso equivale a seis niños cada hora, 144 cada día y más de 50.000 al año en conflictos activos.

Y muchas de esas muertes no ocurren en combate.

La guerra también mata con hambre, enfermedades evitables, falta de atención médica o infraestructuras destruidas.

Entre 2005 y 2022, las Naciones Unidas verificaron más de 120.000 niños muertos o mutilados en conflictos armados, un promedio de unos 20 cada día.

En ese mismo periodo se registraron más de 315.000 violaciones graves contra menores, incluyendo reclutamiento forzado, violencia sexual o ataques contra escuelas y hospitales.

Solo en 2023, la ONU documentó casi 33.000 violaciones graves contra niños, lo que equivale a entre 85 y 90 casos diarios.

Hoy, más de 473 millones de niños —casi uno de cada cinco en el mundo— viven en zonas de conflicto.

Nunca habían sido tantos.

No son estadísticas.
Son rostros.
Son nombres.
Son vidas que apenas empezaban.

La guerra no solo destruye ciudades.  También rompe el tiempo de la infancia. Y cuando eso ocurre, el daño no termina en el presente.  Se extiende hacia el futuro. Hacia las generaciones que crecerán intentando reconstruir lo que la violencia destruyó.

Porque cuando una guerra mata a un niño, no solo desaparece una vida. Desaparece también una parte del futuro del mundo.

📡 Programa completo: intervención sobre la infancia en Palestina.

https://www.facebook.com/expresion106.6fm/videos/1451115519756203

 

estherroig

Periodista en continuo aprendizaje. Vivir es una experiencia que necesita ser contada. La comunicación nos hace crecer, acorta distancias y nos enriquece. Con el tiempo he aprendido que la vida se compone de historias, grandes y pequeñas, de palabras, imágenes y contenidos, y de cómo los compartimos. Lo que no se comunica no existe. Hoy escribo historias para comprender la vida, para detenerla en sus matices, porque cada relato es un intento de entendernos y entender el mundo que nos rodea.

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