Vivimos inmersos en un universo paralelo que cabe en la palma de la mano: las redes sociales. Más de 5.200 millones de personas conectadas, dos horas al día de scroll (ese gesto de deslizar la pantalla con el dedo), y una pregunta que flota sobre todos nosotros: ¿somos dueños de nuestra atención… o las redes nos poseen a nosotros?
Dicen que nunca habíamos estado tan conectados. Y, sin embargo, nunca habíamos sentido tanta prisa por demostrar que existimos.
Más del 92% de los jóvenes está en redes antes de los 12 años, y mientras crecen, el algoritmo aprende más que sus padres o sus maestros. En Australia e Indonesia se prohíbe el acceso a menores; en España el debate está abierto. La paradoja: incluso donde se limita, los adolescentes encuentran la forma de entrar.
No es solo tecnología: es arquitectura emocional. A favor, acercan distancias, permiten que alguien en Valencia escuche la risa de un niño en Bolivia en tiempo real, multiplican causas y comunidades. En contra, capturan la atención como un recurso minero. Los nombres propios están ahí: Mark Zuckerberg, Elon Musk, Sundar Pichai… no son villanos de novela, pero tampoco filántropos ingenuos. Dirigen imperios donde el producto somos nosotros: nuestros hábitos, nuestros miedos, nuestras horas de insomnio.
El espejismo es sutil. No nos venden redes: nos venden reflejos. Versiones editadas de vidas donde nadie duda, nadie envejece, nadie fracasa… o, si lo hace, lo convierte en contenido. El scroll —ese gesto casi automático— puede volverse adicción. Un 5,7% de menores ya presenta uso problemático. Las redes son plaza pública… y también casino. Son abrazo… y escaparate. Son herramienta… y trampa.
La pregunta no es si debemos estar dentro o fuera. Eso ya no tiene vuelta atrás. La pregunta es quién sostiene el hilo: si somos nosotros… o si alguien, desde algún servidor remoto, ya decidió por dónde vamos a mirar mañana.
Las redes nos conectan y nos moldean a la vez. La elección real no es entrar o no: es aprender a no desaparecer dentro de ellas. Mantener la mirada propia, incluso en un mundo diseñado para capturarla.
👉De todo esto hemos hablado en La Otra Cara, el programa que dirige María Eugenia Claros en Radio Expresión 106.6, la radio de los periodistas en Bolivia 👇🎙🎧