VILLAGE DE KORO, BURKINA- FASO

Desde el avión,  África te recibe como una gran madre. La madre tierra… y una piensa que aquí empezó el ser humano, que en breve aterrizaremos en la cuna de la civilización…
Estamos en un pueblo llamado Village de Koro, en Burkina- Faso. Data de 1900 y su situación estratégica, en lo alto de una colina, es privilegiada. Son un pueblo guerrero que hoy vive de la agricultura ( soja, algodón, maíz..) 
Sus calles estrechas están llenas de ojos curiosos que se esconden al oír nuestros pasos. Solo los niños quieren fotografías. 
Callejeando sorprendemos a las mujeres preparando un funeral, los rituales se suceden… Los hombres empiezan a mirar con desconfianza. No somos bienvenidas, quizá hoy no sea el día. 
Encuentro una mujer solitaria que quiere hablar, que se acerca a la cámara curiosa… La cordialidad se rompe cuando le pregunto por los sacrificios , por todos esos pollos y cabras pequeñas que matan. 
No le gusta mi pregunta, aún así se deja fotografiar en una escena cotidiana. 
                 
Luego me muestra su rostro: foto, dice. Enigmática, misteriosa, es la  cuidadora de los santuarios y  apenas si habla.
                      
Conocerla, hablarle hace que se rompa la vergüenza de las otras mujeres del pueblo. Menos intrigantes, mas sonrientes se dejan sorprender por la cámara de fotos.
La sesión fotográfica dura poco. Se paga por entrar a ver el poblado, popularmente conocido como guerrero,  pero a la media hora me dicen que esta prohibido hacer fotos. Prohibido habiendo pagado? Sera una broma y sigo… y enseño mi carnet de prensa de la FAPE y me sale el de Druni, el del Banco… Como me he llevado tantas tarjetas a África.? 

Indiferente a todo un anciano mira la escena desde la puerta de su casa . Su rostro guasón y entretenido es lo último que veo a través del objetivo. El es el encargado de decirnos adiós.
Si te interesa África, sus gentes, su cultura, la manera de expresar sus emociones, sus colores y los sentimientos que desprende quizá te guste este BLOG

estherroig

Periodista en continuo aprendizaje. Vivir es una experiencia que necesita ser contada. La comunicación nos hace crecer, acorta distancias y nos enriquece. Con el tiempo he aprendido que la vida se compone de historias, grandes y pequeñas, de palabras, imágenes y contenidos, y de cómo los compartimos. Lo que no se comunica no existe. Hoy escribo historias para comprender la vida, para detenerla en sus matices, porque cada relato es un intento de entendernos y entender el mundo que nos rodea.