La Maga de Oriente

Caminó con ellos, pero un paso detrás.
No por timidez, sino por sabiduría.

Mientras los Reyes discutían mapas, estrellas y tiempos, ella escuchaba el silencio del desierto.

Sabía que no todo lo verdadero brilla; algunas cosas laten. Por eso nunca la nombraron

Nombrar es fijar, y ella pertenecía a lo que se mueve.

No traía cofres ni aromas solemnes.
En sus manos no había oro, ni incienso, ni mirra.
Traía algo más difícil de transportar: presencia.

Era la que sostenía cuando el cansancio hacía dudar.
La que recordaba el sentido cuando el viaje parecía demasiado largo.
La que intuía al Niño antes de verlo, porque la magia —l

Se sentó cerca.a verdadera— reconoce antes de entender.

Cuando llegaron, no se inclinó.

Y en silencio ofreció su don: la capacidad de ver lo sagrado en lo frágil, de creer sin pruebas, de acompañar sin ocupar lugar.

Nadie escribió su nombre.
Porque la magia que ella representaba no busca memoria ni altar.
Actúa y se retira.
Cura y no reclama.

Dicen —quienes saben escuchar— que aún camina con quienes viajan por fe, por amor o por pura fidelidad al misterio.
No se la ve.
Pero cuando todo parece oscuro y, aún así, sigues adelante…
es que la Maga de Oriente va contigo.

estherroig

Periodista en continuo aprendizaje. Vivir es una experiencia que necesita ser contada. La comunicación nos hace crecer, acorta distancias y nos enriquece. Con el tiempo he aprendido que la vida se compone de historias, grandes y pequeñas, de palabras, imágenes y contenidos, y de cómo los compartimos. Lo que no se comunica no existe. Hoy escribo historias para comprender la vida, para detenerla en sus matices, porque cada relato es un intento de entendernos y entender el mundo que nos rodea.

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