💜Feminicidio: contar para no olvidar, pero también para no repetir.

España vuelve a enfrentarse a una realidad incómoda: el feminicidio no es una excepción, sino una herida persistente. Las cifras alertan, pero son las historias detrás de ellas las que obligan a mirar sin apartar los ojos.


Hay cifras que no deberían existir.
Y, sin embargo, es necesario mirarlas de frente.

Desde 2003, más de 1.350 mujeres han sido asesinadas en España por sus parejas o exparejas, según la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género.

Solo en 2025, 46 mujeres y tres menores perdieron la vida en contextos de violencia machista.
Y 2026 ha comenzado con una inercia que inquieta: en apenas unos meses, alrededor de una decena de mujeres ya han sido asesinadas.

Los números son fríos.
Pero no son abstractos.

Detrás de cada cifra hay una historia que se apaga.
Una casa.
Un vecindario.
Un teléfono que ya no volverá a sonar.

El último caso que ha conmocionado al país ocurrió este fin de semana en Pedreña.
Una mujer de 64 años fue hallada muerta en su domicilio. La autopsia confirmó signos de asfixia y su pareja fue detenida como presunto autor del crimen.

No existían denuncias previas entre ellos.
Pero sí antecedentes del agresor por violencia contra otras mujeres.

Y entonces vuelve la pregunta.
Siempre la misma.
Siempre incómoda:

¿qué señales quedaron invisibles antes de llegar al final?

Porque la violencia machista rara vez empieza con el asesinato.
Antes hay control.
Humillación.
Miedo.

Cada año, decenas de miles de mujeres denuncian violencia en la pareja en España. Muchas logran salir. Otras no llegan a tiempo.

Y cada feminicidio deja un rastro que no siempre se cuenta:
familias rotas, comunidades golpeadas y, demasiadas veces, hijos e hijas que crecen sin su madre.

Por eso, el debate no puede limitarse a lo que ocurre después.
No basta con castigar.

La clave está antes:
detectar, proteger, escuchar.

Porque cuando una mujer es asesinada por su pareja o expareja, la pregunta no es solo quién fue el agresor.

La pregunta —la que realmente importa— es otra:

qué falló antes para que nadie lograra detenerlo.


Y, sin embargo, también hay espacios donde se intenta llegar a tiempo.

En Alboraya, durante estas Fallas de 2026, el Ayuntamiento ha puesto en marcha la campaña “Estem amb tu” (Estamos contigo), una iniciativa impulsada por las concejalas de Compromís para visibilizar, acompañar y proteger a las víctimas de violencia de género en un contexto festivo donde, a veces, todo pasa demasiado rápido.

Porque también en medio del ruido, de la pólvora y de la celebración, hay quien necesita saber que no está sola.

Y quizás ahí —en ese gesto sencillo de decir estamos contigo
empieza a cambiar algo.

Os invito a escuchar el programa donde se habla de feminicidio y a participar en el en posteriores ediciones  👇

https://www.facebook.com/share/v/1bfskAGhwj/

estherroig

Periodista en continuo aprendizaje. Vivir es una experiencia que necesita ser contada. La comunicación nos hace crecer, acorta distancias y nos enriquece. Con el tiempo he aprendido que la vida se compone de historias, grandes y pequeñas, de palabras, imágenes y contenidos, y de cómo los compartimos. Lo que no se comunica no existe. Hoy escribo historias para comprender la vida, para detenerla en sus matices, porque cada relato es un intento de entendernos y entender el mundo que nos rodea.

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