Romper el techo, cambiar la receta: política con nombre de mujer

Hay palabras que no piden permiso. Irrumpen. Sacuden. Reordenan.
Feminismo es una de ellas.

Y hay barreras que no se ven… hasta que te detienen.
A eso lo llamamos techo de cristal.

Un concepto que nació en los años 80 —glass ceiling— para nombrar una verdad incómoda: mujeres preparadas, con talento, con recorrido… que avanzan, avanzan… y de pronto se detienen sin saber por qué.
No hay una puerta cerrada.
Pero tampoco se abre la siguiente.

Es un límite invisible.

En Bolivia, como en tantos otros lugares, las leyes han avanzado. Hay más mujeres en política, más presencia, más voz.
Pero la pregunta clave no es cuántas están…
sino cuánto poder real tienen.

Porque el techo de cristal no siempre impide entrar.
Impide decidir.

Se construye con silencios, con redes cerradas, con inercias que se repiten sin cuestionarse.
Y como no se ve, a menudo se niega.

Pero algo está cambiando.

Durante mucho tiempo, entrar en política siendo mujer implicaba adaptarse al molde.
Aprender sus códigos.
Sobrevivir en un sistema que no fue pensado para ti.

Hoy, muchas mujeres ya no están dispuestas a eso.

Porque ya no se trata de tener un asiento en la mesa.
Se trata de cambiar la mesa.

O mejor dicho:
las mujeres hoy no queremos un trozo de la tarta… queremos cambiar la receta.

Y eso, en política, es una transformación profunda.

Las primeras que llegaron lo hicieron solas, abriendo grietas donde no había camino:
Sirimavo Bandaranaike, la primera en liderar un gobierno;
Indira Gandhi, gobernando en un contexto hostil;
Golda Meir, tomando decisiones en tiempos de guerra;
Margaret Thatcher, encarnando el poder desde la contradicción;
Eva Perón, dando voz política a millones de mujeres.

Hoy, el mapa es otro, pero la tensión sigue viva.

Jacinda Ardern mostró que la empatía también es liderazgo.
Angela Merkel sostuvo el poder con rigor y constancia.
Michelle Bachelet llevó la igualdad a políticas concretas.
Kamala Harris rompió múltiples barreras en una sola trayectoria.
Sanna Marin representa una generación que ya no pide permiso.

Pero el punto no es solo quién está.
Es cómo se ejerce el poder.

Ser feminista en política no es un eslogan.
Es una forma de gobernar.

Es poner la vida en el centro.
Es legislar con conciencia de desigualdad.
Es entender que el poder no es dominio… sino responsabilidad.

Y sí, incomoda.
Porque redistribuir el poder siempre incomoda.

Pero también abre futuro.

Porque esto no va de mujeres contra hombres.
Va de transformar una política que ya no responde a la realidad.

Una política con nombre de mujer.
Con mirada feminista.
Con la valentía de no repetir lo que ya no funciona.

Porque cuando rompes el techo…
y cambias la receta…

ya no estás pidiendo lugar.
Estás creando uno nuevo.

Os invito a escuchar el programa La Otra cara de Radio Expresión 106.6 la radio de los periodistas en Bolivia que dirige María Eugenia Claros . Un espacio radiofónico donde hemos hablado de feminismo y poder .  No os perdáis la entrevista a la diputada  Sandra Arminda Rivero Maldonado. Una política boliviana, diputada nacional por el Partido Demócrata Cristiano (PDC). Representa a la brigada de La Paz en la Asamblea Legislativa Plurinacional, donde integra la Comisión de Planificación, Política Económica y Finanzas y ejerce como secretaria del Comité de Ciencia y Tecnología. Es una de las voces visibles del PDC en el nuevo periodo legislativo iniciado en 2025👇

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estherroig

Periodista en continuo aprendizaje. Vivir es una experiencia que necesita ser contada. La comunicación nos hace crecer, acorta distancias y nos enriquece. Con el tiempo he aprendido que la vida se compone de historias, grandes y pequeñas, de palabras, imágenes y contenidos, y de cómo los compartimos. Lo que no se comunica no existe. Hoy escribo historias para comprender la vida, para detenerla en sus matices, porque cada relato es un intento de entendernos y entender el mundo que nos rodea.

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