CON MI CESTA DE LA COMPRA

Me pregunto si se puede cambiar el mundo con la cesta de la compra en mano, desde el consumo. ¿Tenemos poder las personas consumidoras? ¿Y cuál sería? La pandemia nos deja esta reflexión: vamos a ser capaces de transformar el mercado en algo más humano, más cercano, más local, con un impacto positivo en nuestros pueblos y ciudades. Yo creo que sí, que si queremos podemos. Bienvenida la época de la soberanía consumidora, es decir el derecho de los pueblos y las personas a decidir colectiva y responsablemente qué quieren consumir, por qué y para qué.

En economía, las personas consumidoras siempre hemos sido tratadas con ese falsete respeto con tintes proteccionistas y esa ñoñería que nos ha llenado de complejos y necesidades. Y la verdad no vamos a transformarnos en quien nos venden por usar determinado producto. Pero eso ya lo sabemos, como también que somos su oscuro objeto de deseo, su razón de ser , crecer y de engullir.  Porque en un mundo competitivo, atomizado, globalizado y basado en el consumo desaforado, el truco es hacer creer al consumidor que es libre de elegir lo que quiera, siempre que quiera lo que se le ofrece. Es el “todo para el consumidor, pero sin el consumidor, el objetivo es satisfacer nuestras necesidades creadas por ellos. Y cuando me refiero a ellos quiero decir al mercado que no respeta al productor, ese que vende humo, empobrece al productor y se carga al pequeño y mediano comercio.

Hagamos esta prueba que nos proponen Economistas Sin Fronteras: vayamos a nuestra cocina, revisemos el armario de ropa, miremos nuestros muebles, electrodomésticos…  Observemos nuestro alrededor: ¿cuántas cosas son realmente necesarias? ¿Y donde fueron producidas? ¿En qué condiciones? ¿Y esos productos comprados benefician nuestro entorno, nuestra economía más próxima?

Pero hay algo más. Mas allá del consumo responsable, las personas consumidoras deberíamos ejercer nuestro empoderamiento. Y no estoy hablando austeridad ni del anti-consumo, me refiero a cambiar nuestra mentalidad y tomar consciencia de nuestro poder a la hora de modificar la cultura de comprar, de consumir. Si somos conscientes podemos protagonizar una auténtica revolución que, sin duda, supone cambios importantes en diferentes áreas, no solo la económica, sino también la política, social, cultural…

Con nuestra cesta de la compra, con nuestro poder a la hora de elegir qué comprar, cómo, y a quién estamos creando un nuevo modelo de mercado. Uno totalmente diferente al que estamos viviendo con la crisis de la pandemia y que tanto ha evidenciado la existencia de desigualdades sociales.

¿Es posible?  Si, no inventamos nada. Existe un decálogo construido a través de la propuesta y discusión de expertas y expertos en el tema llamado ‘La Alianza para un Mundo Responsable, Plural y Solidario’, iniciativa de la fundación Charles Léopold Mayer que os invito a leer. Y enumero aquí 5 normas que según la revista Ethical Consumer, podríamos aplicar. Son como cinco consejos.: 1. Consume menos; 2. Alza tu voz, sé más activo e involúcrate políticamente; 3. Consume productos o servicios locales; 4. Guarda e invierte tu dinero en bancos éticos; 5. Recicla, arregla y compra productos de segunda mano.

A estas pautas de consumo podemos aplicar otras que ya como conocemos y que muchas hemos ejercido en más de una ocasión. Pongo por caso las estrategias de voz o buycot, en las que se premia el buen desempeño social y medioambiental de las empresas que lo producen o distribuyen mediante la compra de sus productos, marcas o servicios. Pero también podemos ejercer las de salida o boicot, con las que penalizamos las prácticas irresponsables de la empresa productora o distribuidora mediante el abandono del consumo de un producto, marca o servicio.

Tal y como yo lo veo, desde nuestra cocina con nuestra cesta de la compra tenemos la responsabilidad y el poder de contribuir a la construcción de una sociedad más justa y sostenible para toda las personas.  Con nuestra cesta de la compra estamos impulsando el rescate y la práctica de valores desatendidos, como son la responsabilidad personal, la empatía hacia el otro y el respeto por el entorno.

El consumo responsable es algo dinámico, del día a día y el empoderamiento es una práctica que podemos ejercer, una herramienta que nos permite contribuir al cambio de paradigma y definir el tipo de ciudadano, empresa y sociedad que queremos.

estherroig

Periodista, interesada en temas sociales Fundadora y presidenta de la ONGD MENUTS DEL MÓN, www. http://www.menutsdelmon.org/. Gerente del Centre Intercultural , www.http://centreintercultural.menutsdelmon.org/

2 comentarios

  1. Un artículo merecedor de ser compartido por todos los que lo lean. En nuestro propio beneficio contribuyamos a su difusión.

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